Competencias comunicativas
El estatus de la comunicación lingüística como un
sistema gramatical que se usa para la comunicación y que es parte de la cultura
no había sido habitualmente considerado previamente al trabajo de Hymes.
Así, la comunicación lingüística se logra mediante el dominio de la competencia comunicativa. La
competencia comunicativa está formada, pues, por las competencias lingüísticas,
sociolingüística, pragmática y psicolingüística, con sus respectivas
estructuras y funciones. Es precisamente el dominio de estas estructuras y
funciones lo que constituye nuestro conocimiento de la lengua.
Competencia lingüística
Es lo que siempre se ha conocido como gramática
tradicional, con sus planos del lenguaje: morfología, sintaxis, fonética y
fonología, y semántica.
En otras palabras, es nuestra capacidad de
interpretar y usar apropiadamente el significado social de las variedades
lingüísticas, desde cualquier circunstancia, en relación con las funciones y
variedades de la lengua y con las suposiciones culturales en la situación de
comunicación. Se refiere, en otros términos, al uso como sistema de las reglas
de interacción social. Es Fishman (1970),
sin embargo, quien se acerca más, según mi parecer, a lo que debería entenderse
por competencia comunicativa (o
competencia de comunicación
(Álvarez), al expresar que todo acto comunicativo entre dos o más personas en
cualquier situación de intercambio está regido por reglas de interacción
social, las que define como "quién
habla a quién (interlocutores),
qué lengua (variedad regional,
variedad de edad, sexo o estrato social), dónde (escenario), cuándo
(tiempo), acerca de qué
(tópico), con qué intenciones
(propósito) y consecuencias
(resultados)" (Fishman 1970: 2).
Competencia sociolingüística
La competencia
sociolingüística es uno de los componentes de la competencia comunicativa. Hace
referencia a la capacidad de una persona para producir y entender adecuadamente
expresiones lingüísticas en diferentes contextos de uso, en los que se dan
factores variables tales como la situación de los participantes y la relación que hay entre ellos, sus intenciones
comunicativas, el evento comunicativo en el que están
participando y las normas y convenciones de interacción que lo regulan.
M. Canale (1983) fue uno de los primeros autores en
describirla, en un artículo en el que -como su título indica- se propone
recorrer el camino de la competencia comunicativa definida por Hymes a una pedagogía comunicativa del lenguaje. Al
hablar de la adecuación de las expresiones, Canale distingue entre adecuación
del significado y adecuación de la forma.
Para L. Bachman (1990), la
competencia sociolingüística forma parte, junto con la ilocutiva, de la competencia pragmática e
incluye cuatro áreas: la sensibilidad hacia las diferencias de dialecto o
variedad; la sensibilidad hacia las diferencias de registro; la sensibilidad a
la naturalidad; y la habilidad para interpretar referencias culturales y
lenguaje figurado.
Competencia
pragmática
La competencia pragmática es uno de los componentes
que algunos autores han descrito en la competencia
comunicativa. Atañe a la capacidad de realizar un uso comunicativo de la lengua
en el que se tengan presentes no solo las relaciones que se dan entre los
signos lingüísticos y sus referentes, sino también las relaciones pragmáticas,
es decir, aquellas que se dan entre el sistema de la lengua, por un lado, y los
interlocutores y
el contexto de
comunicación por otro.
En términos equivalentes a éstos la describe
Bachman (1990), uno de los primeros en referirse a ella con ese nombre. Los
modelos anteriores al de Bachman (Hymes 1972, Canale & Swain 1980, Canale
1983, Van Ek 1986) no hacen una referencia expresa a la competencia
pragmática, si bien su contenido queda integrado en otros componentes de la
competencia comunicativa. Según Bachman, la competencia de la lengua (con este
nombre se refiere Bachman a lo que otros autores llaman competencia
comunicativa) está formada por la competencia
organizativa y la competencia
pragmática, y ésta a su vez está integrada por la competencia ilocutiva y
la competencia
sociolingüística.
Competencia psicolingüística
Incluye la personalidad del hablante, la
sociocognición y el condicionamiento afectivo. Estos dos últimos puntos son
difíciles de separar de la competencia pragmalingüística, y podrían incluirse
en ésta, aunque por una mera cuestión metodológica se mantienen aparte.
La personalidad
del hablante y de los interlocutores incluye sus "cajas negras", cada
uno con su nivel intelectual y cultural, su sistema de motivaciones, además del
sexo, edad, estrato social, prejuicios, educación, estado emocional, etc. Todos
estos elementos constituyen su identidad. A través del lenguaje los seres no
sólo comunicamos información, sino que también intercambiamos significaciones,
teñidas de nuestros estados de ánimo.
La
sociocognición es un elemento compartido por los integrantes de una
comunidad, lo que no quiere decir que se anule la individualidad. Así, los
rasgos constantes de una persona, su personalidad, como sus estados de ánimo,
son factores esporádicos que afectan la cantidad y la calidad de su interacción
en eventos específicos, a lo que hay que agregar aquellos elementos
contextuales que le dan un marco al evento de habla: el espacio social, el
momento, el contexto institucional, las normas de interacción que deben
aplicarse y la interpretación. De todas estas condicionantes depende la
caracterización del ambiente psicológico en que se enmarcan la situación, el
evento de habla y el acto de habla.
El siguiente esquema, que resume e incluye elementos lingüísticos,
sociolingüísticos, pragmáticos y psicolingüísticos, quiere ser una puesta al
día de lo que en este momento entendemos por competencia comunicativa.

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